jueves, 22 de julio de 2010

¿Cómo se mide la amistad?


Por Blito Rojas



Ningún momento está demás para expresar nuestro cariño a los amigos. Aun en una fecha como la del 23 de julio que fue inventada, en Bolivia, por empresarios de tarjetas en homenaje a la llegada del hombre a la luna. Upss, además, se equivocaron, el hombre llegó a la luna un 20 de julio de 1969. Dejando de lado esas referencias, fijamos la necesidad de hablar del amigo que se dice que es la base para mantenerse en pie. Constantemente, surge una pregunta: ¿cómo se mide la amistad? La amistad se mide por el tamaño de tu “individualismo”, en cuánto “tiempo” estás dispuesto a perder por tu amigo. Para entender esta idea, lo ilustraremos con dos ejemplos:
a) Cuando llegas a tu casa ¿quién es el más alegre por tu regreso y organiza una fiesta de sonidos, saltos y hace emotiva tu presencia en esta vida?: tu perro. Y, ¿cuál es tu respuesta? Tal vez un “perro de mierda me vas a ensuciar” o un siniestro “fuera”, y de pronto, la magia de la alegría que podría levantarte de las caídas se convierte en unos ojos que no pueden soltar lágrimas ante la vergüenza de quererte tanto y ser rechazado bruscamente. ¿Cuantas veces más una patada acaso no fue la mejor manera de desahogarte de tu mal humor?
b) Has decidido cortar el árbol de tu acera porque sus hojas ensuciaban mucho o, en su caso, porque sus raíces levantaban y arruinaban el cemento de la acera. Después queda un pedazo de tronco como pálido recuerdo de que la vida nos interesa muy poco.
Bien, en esta nota a lo mejor esperabas una regla de oro para medir la amistad de tus amigos. Pues no, la idea es saber cuánto mide la tuya. El “tiempo” es lo más valioso que podemos entregar a los que nos quieren. Entiéndelo bien, no he dicho “a los que queremos”, es a los que “nos quieren”. De pronto, pasamos la vida injustamente relacionados con personas a las que entregamos lo que no merecen y las que realmente lo merecen reciben de alguna manera nuestro maltrato. Tu relación con un perro, con un árbol, con la vida, es similar a tu relación con las personas. La depredación que sufre el mundo es a causa de dedicarle tan poco tiempo al amor a la vida que nos limitamos a ser cómplices de las mentiras y, creyendo que nuestra opinión es la única verdad, construimos nuestra felicidad abriendo vacíos en nuestra alma. ¿Por qué nos quejamos tanto de los demás? Comencemos por nosotros, por dedicarle unos minutos a acariciar a nuestro perro, a regar aquel árbol de la esquina que se quedó enano por falta de agua, a denunciar aquella injusticia socapada por nuestra indiferencia. No esperemos que el “hombre vuelva a llegar a la luna”, salgamos a la calle contentos y busquemos a un familiar, a un amigo, a un compañero de trabajo, o simplemente a una persona que nos quiera, para dejar de lado nuestra agenda y compartir un recuerdo, tal vez pedir disculpas y endulzar el tiempo con un abrazo y una taza de café.

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