Imagino
tantas cosas para hablar de Oruro… el carnaval, la virgen, los urus, el Poopó,
la música, las minas, el fútbol, los trenes… Sin embargo, se me ocurre hablar
de un mundo permanentemente hecho sentimiento con palabras: poesía. Incluso, en
este terreno de lírica orureña, sería altamente injusto elegir hablar de un
solo poeta. Para ejemplificar la grandeza de poetas notables podría nombrar a
Eduardo Mitre, Alberto Guerra o Héctor Borda. Con las excusas de estos tres
poetas y muchísimos más que han nacido en Oruro y han hecho de la poesía un
arte exquisito, en esta ocasión, pensaré en Oruro a través del poeta Luis Mendizabal
Santa Cruz.
De joven
universitario me gustaba escudriñar libros y entre ellos llegó a mis manos “Prosa
y Verso de Bolivia”. En su tercer tomo, encontré en la portada a Luis
Mendizabal Santa Cruz. Me pregunté “este poeta debe tener algo especial para
estar en la portada”. De hecho, su soneto “Montaña” me impactó en esa edad en
que uno busca señales vestidas de metáforas para saber qué rumbo elegir en la
vida: “Y marcha ciego, rumbo a su destino, / llevando el fardo de su pesadumbre”.
Una descripción finísima: “El alba es un
letargo de diamantes”. Leamos completo el magnífico soneto “Montaña”:
“Rumor de luces. Oros en la
entraña
de los grandes silencios
ondulantes.
El alba es un letargo de
diamantes
en el regazo azul de la
montaña.
El Hombre está de pie. Tiene
vibrantes
ansiedades de ver el sol que
baña
las lontananzas de una vida
extraña.
A la desolación de sus
instantes
en un hondo misterio
desfallece
con la tristeza de no ver más
lumbre
que la que Dios le da cuando
amanece.
Busca el Hombre refugio en
el camino,
y marcha ciego, rumbo a su
destino,
llevando el fardo de su
pesadumbre".
Me hice
mil preguntas existenciales después de leer ese soneto. Yo me preguntaba si así
era nuestra vida, tal vez solo ansiábamos la luz de la mañana que nos llenara
de esperanza. Después supe que don Luis era un hombre de alta sensibilidad y,
apremiado por muchas contrariedades, el hombre-montaña se derrumbó y, apenas
con 38 años, se quitó la vida. Me enojó y me dejó pensando por qué lo había
hecho. ¿Por qué era poeta?, ¿qué pesares sentía en su corazón? En todo caso, llegué
a la conclusión de que don Luis Mendizabal Santa Cruz llevó su sensibilidad al
extremo porque empezó a sentir por todos los orureños y orureñas que ya no querían
sentir. Todos elegimos qué hacer con nuestro corazón, ¿por qué no enamorarnos
de todo?, ¿acaso es malo sentir? En Oruro hay tanto por hacer por la mujer, por
los niños, por los poetas como don Luis. Se está perdiendo la sensibilidad. En
realidad, la esencia del orureño es el de una persona tan optimista frente a la
adversidad que oculta su pena. Pero, no se quiere admitir la pena. Hay que recuperar
ese lente para ver el alma y abrazarnos en un círculo. Eso falta. Lo otro es obrar
por prejuicio y nombrar persona no grata al amigo.
Y qué hay sobre Don Luis
Mendizabal Santa Cruz y Oruro. Él habló de Oruro y sintió por Oruro de una
manera vital. Eso es muy diferente a cómo
algunos amigos orureños recuerdan a Oruro: “Amo Oruro, extraño Oruro, pero yo
no volvería a vivir en Oruro”. Don Luis se sentía cómodo en Oruro y sabía que la
elección de la felicidad estaba en sus calles. Don Luis enriqueció su alma en
Oruro. No creo que haya mejor homenaje para Oruro que estos versos:
"Cien ciudades
distintas
me ofrecieron su luz y su
paisaje,
pero la sombra
acechaba al final de los
senderos.
Nunca he sido feliz como soy
ahora
en esta tierra mía,
donde nació mi sangre".
¿Y qué del amor? El amor será
siempre la respuesta para seguir adelante y decir “te adoro, mi vida”, para
poner atención en las cosas invisibles: La portada de un libro, una maceta con
tréboles, una luna creciente. Los atardeceres de Oruro no podrán desvanecerse
porque siempre habrá un orureño o una orureña donde habitarán sueños de rebeldía.
No corresponde saber de qué está formado el amor -nos diría Luis Mendizabal
Santa Cruz-, lo realmente trascendente es sentirlo. Así habla del amor en su
poema “Pintor”:
“Pero no supo qué hacer
¿Cómo habría de concebir,
Un sollozo, un suspiro,
Unas ganas de llorar
Y unas ganas de reír?”
¿Oruro es una ciudad que
migra? No debería ser así, le cantaremos a un Oruro que tiene personalidad, a
un Oruro donde habitan secretos, arte y poesía que corren el riesgo de
desaparecer. Oruro, la ciudad de los milagros y los artistas. Orureño, orureña,
lo que siempre buscaste está en Oruro. Los que eligieron quedarse lo saben. Qué
tal si vamos a Oruro y nos sentamos a tomar un café, hacemos nacer a Oruro y
nos inundamos de luz del alba, y pedimos a los profesores que hagan reverdecer
los recuerdos porque Oruro tiene mucho pensamiento propio, filosofía, rebeldía,
historia. Hay fronteras mentales que hay que destruir en la educación. Las bandas
pueden tocar 15 horas seguidas, pero el año tiene 365 días y hay que ponernos a
escuchar “los grandes silencios ondulantes” de don Luis Mendizabal Santa Cruz,
hay historias vividas de los abuelos, de pronto Oruro tiene un corazón romántico
que late. ¿Lo oyes? ¡Felicidades, orureñas y orureños!

