domingo, 10 de febrero de 2019

¿Cómo hacerle un homenaje a Oruro?


Imagino tantas cosas para hablar de Oruro… el carnaval, la virgen, los urus, el Poopó, la música, las minas, el fútbol, los trenes… Sin embargo, se me ocurre hablar de un mundo permanentemente hecho sentimiento con palabras: poesía. Incluso, en este terreno de lírica orureña, sería altamente injusto elegir hablar de un solo poeta. Para ejemplificar la grandeza de poetas notables podría nombrar a Eduardo Mitre, Alberto Guerra o Héctor Borda. Con las excusas de estos tres poetas y muchísimos más que han nacido en Oruro y han hecho de la poesía un arte exquisito, en esta ocasión, pensaré en Oruro a través del poeta Luis Mendizabal Santa Cruz.


De joven universitario me gustaba escudriñar libros y entre ellos llegó a mis manos “Prosa y Verso de Bolivia”. En su tercer tomo, encontré en la portada a Luis Mendizabal Santa Cruz. Me pregunté “este poeta debe tener algo especial para estar en la portada”. De hecho, su soneto “Montaña” me impactó en esa edad en que uno busca señales vestidas de metáforas para saber qué rumbo elegir en la vida: “Y marcha ciego, rumbo a su destino, / llevando el fardo de su pesadumbre”.  Una descripción finísima: “El alba es un letargo de diamantes”. Leamos completo el magnífico soneto “Montaña”:

“Rumor de luces. Oros en la entraña
de los grandes silencios ondulantes.
El alba es un letargo de diamantes
en el regazo azul de la montaña.

El Hombre está de pie. Tiene vibrantes
ansiedades de ver el sol que baña
las lontananzas de una vida extraña.
A la desolación de sus instantes

en un hondo misterio desfallece
con la tristeza de no ver más lumbre
que la que Dios le da cuando amanece.

Busca el Hombre refugio en el camino,
y marcha ciego, rumbo a su destino,
llevando el fardo de su pesadumbre".

Me hice mil preguntas existenciales después de leer ese soneto. Yo me preguntaba si así era nuestra vida, tal vez solo ansiábamos la luz de la mañana que nos llenara de esperanza. Después supe que don Luis era un hombre de alta sensibilidad y, apremiado por muchas contrariedades, el hombre-montaña se derrumbó y, apenas con 38 años, se quitó la vida. Me enojó y me dejó pensando por qué lo había hecho. ¿Por qué era poeta?, ¿qué pesares sentía en su corazón? En todo caso, llegué a la conclusión de que don Luis Mendizabal Santa Cruz llevó su sensibilidad al extremo porque empezó a sentir por todos los orureños y orureñas que ya no querían sentir. Todos elegimos qué hacer con nuestro corazón, ¿por qué no enamorarnos de todo?, ¿acaso es malo sentir? En Oruro hay tanto por hacer por la mujer, por los niños, por los poetas como don Luis. Se está perdiendo la sensibilidad. En realidad, la esencia del orureño es el de una persona tan optimista frente a la adversidad que oculta su pena. Pero, no se quiere admitir la pena. Hay que recuperar ese lente para ver el alma y abrazarnos en un círculo. Eso falta. Lo otro es obrar por prejuicio y nombrar persona no grata al amigo.

Y qué hay sobre Don Luis Mendizabal Santa Cruz y Oruro. Él habló de Oruro y sintió por Oruro de una manera vital.  Eso es muy diferente a cómo algunos amigos orureños recuerdan a Oruro: “Amo Oruro, extraño Oruro, pero yo no volvería a vivir en Oruro”. Don Luis se sentía cómodo en Oruro y sabía que la elección de la felicidad estaba en sus calles. Don Luis enriqueció su alma en Oruro. No creo que haya mejor homenaje para Oruro que estos versos:

"Cien ciudades distintas
me ofrecieron su luz y su paisaje,
pero la sombra
acechaba al final de los senderos.
Nunca he sido feliz como soy ahora
en esta tierra mía,
donde nació mi sangre".

¿Y qué del amor? El amor será siempre la respuesta para seguir adelante y decir “te adoro, mi vida”, para poner atención en las cosas invisibles: La portada de un libro, una maceta con tréboles, una luna creciente. Los atardeceres de Oruro no podrán desvanecerse porque siempre habrá un orureño o una orureña donde habitarán sueños de rebeldía. No corresponde saber de qué está formado el amor -nos diría Luis Mendizabal Santa Cruz-, lo realmente trascendente es sentirlo. Así habla del amor en su poema “Pintor”:

“Pero no supo qué hacer
¿Cómo habría de concebir,
Un sollozo, un suspiro,
Unas ganas de llorar
Y unas ganas de reír?”

¿Oruro es una ciudad que migra? No debería ser así, le cantaremos a un Oruro que tiene personalidad, a un Oruro donde habitan secretos, arte y poesía que corren el riesgo de desaparecer. Oruro, la ciudad de los milagros y los artistas. Orureño, orureña, lo que siempre buscaste está en Oruro. Los que eligieron quedarse lo saben. Qué tal si vamos a Oruro y nos sentamos a tomar un café, hacemos nacer a Oruro y nos inundamos de luz del alba, y pedimos a los profesores que hagan reverdecer los recuerdos porque Oruro tiene mucho pensamiento propio, filosofía, rebeldía, historia. Hay fronteras mentales que hay que destruir en la educación. Las bandas pueden tocar 15 horas seguidas, pero el año tiene 365 días y hay que ponernos a escuchar “los grandes silencios ondulantes” de don Luis Mendizabal Santa Cruz, hay historias vividas de los abuelos, de pronto Oruro tiene un corazón romántico que late. ¿Lo oyes? ¡Felicidades, orureñas y orureños!

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